La simulación democrática

Hace algunos meses estuve trabajando en cierta agencia de marketing político para nada explotadora ni donde pagaban salarios de miseria que llevaría una parte de las campañas de cierto partido político que, curiosamente, ganó, tanto en el Edomex como en Coahuila. Y recuerdo mucho algo que nos dijeron durante una de las interminables juntas de planeación de contenidos: que teníamos a nuestra disposición al influencer que quisiéramos para desarrollar algún artículo o nota digital.

Claro, yo no me lo tomé literal, aunque sabía que, en cierto sentido, sí tenía razón el Gran Jefe al darnos esas “posibilidades ilimitadas” para el desarrollo de la campaña digital. Creo que en ese momento preciso fue cuando empecé a dudar de mi permanencia en ese lugar de trabajo, pues aunque me fascina la investigación y el desarrollo de estrategias, si hay algo con lo que no puedo lidiar en este mundo, y creo que nunca podré, es con la simulación. Y por desgracia, gran parte de la realidad que nos rodea actualmente, es una tristemente célebre simulación, incluida la democracia.

¿Cuándo en la historia de este país unas elecciones han significado realmente algo relevante? ¿Cuándo al monigote que “hemos puesto” en el poder realmente ha hecho algo por la sociedad, por la ciudadanía, por el pueblo? Estoy de acuerdo, la alternancia es una buena alternativa para equilibrar los excesos a los que puede llevar el poder; pero en nuestro país, ni eso nos dejan: la maquinaria del Estado dispone de una serie de trucos y artimañas para impedirla. Las campañas políticas están plagadas de juegos sucios e inmorales que confunden a la ciudadanía y promueven la ignorancia, el miedo y la desconfianza. ¿Existen en México las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales para verdaderamente confiar en los procesos e instituciones democráticas…? No me lo parece.

Ante un escenario tan desolador… ¿Qué hacer? Creo que una posible respuesta es el empoderamiento de los individuos y las comunidades. Conocer bien cómo funciona el proceso de una elección, qué pueden y qué no pueden hacer los partidos políticos durante una campaña electoral (y fuera de ella), ejercer con responsabilidad, información y consciencia nuestros derechos constitucionales, e impulsar a nuestros vecinos, familia y amigos a que hagan lo mismo. No podemos seguir viviendo en un mundo corporativo, donde una persona anónima toma todas las decisiones y los demás nos quedamos mirando, sin poder hacer nada al respecto.

Todos los días son buenos días para empezar con esta titánica labor. Puedes por ejemplo ir al sitio quienmerepresenta.com y conocer a tus representantes en las cámaras de diputados y senadores, ahí vienen enlaces a sus correos electrónicos y perfiles de redes sociales para que vayas y les preguntes en qué andan o qué están haciendo por ti y por tu comunidad.

¿Qué otras formas se te ocurren de colaborar con la construcción de una verdadera democracia, no simulada, en nuestro país? Algo así solo puede ser posible si todas y todos nos decidimos a actuar y hacer algo…

Cambio y fuera.

~kosmografo.

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