Algo está cambiando

[kosmobitácora, 22.17]

Últimamente me he sentido un poco perdido. Le doy vueltas a las cosas esperando que se resuelvan solas, en vez de aplicarme y actuar. Me siento a esperar que pase el tiempo y dejo todo para el último minuto posible, cuando ya no puede aplazarse más. Qué diferencia con el muchachito que era el año pasado, total y absolutamente decidido a conquistar los retos de la vida.

Si hay aquí un responsable, ese debo ser yo. Estuve muchos años en un estado de estrés constante, permanente, incesante. Y al verme por fin liberado de esa condición, y más vivo y mejor que nunca (porque al fin estaba contigo), mi cuerpo decidió tomarse un respiro, descansar, dejar de estar preocupado todo el tiempo… A veces me voy hasta el otro extremo, según yo, para compensar el equilibrio del universo.

Pero lo cierto es que soy un cobarde. Hace un año (bueno, dos) yo estaba decidido a romper mis cadenas, pero no tenía un plan de qué iba a hacer una vez que lo lograra. Hoy por fin me siento con la compañía y el apoyo que necesito para ser libre, vivir una vida memorable, hacer cosas memorables, arriesgarme, tener aventuras y ser feliz. Pero el miedo me paraliza. Me debilita las piernas y me hace quedarme sentado, esperando el pretexto perfecto para aplazarlo todo: ya va a llover, ya es tarde, no tengo dinero, me va a ir mal…

¿Sabes qué? ¡Al diablo con todo eso! Ahora estoy con alguien que me entiende, sabe cómo soy, me ama y me cuida, me apoya y me cuestiona, confía en mí y en mis decisiones. ¡Qué maravilla! ¿No? ¿Y qué espero para continuar con la aventura de la vida? Que la vida me ponga todo en charola de plata. Que me diga, “Mira, ten, todas las maravillas que no disfrutaste antes, aquí están, yo te serví porque tú estabas en la pendeja”… ¡No amixs! ¡Así no!

Concentración, comida y amor, es todo lo que necesito para alcanzar mis sueños, que no son muchos, ni difíciles, ni ambiciosos, ni trascendentales, ni nada de eso. No quiero ser rico, ni viajar por el mundo, ni tener un coche, ni comprar una casa. Solo quiero ser feliz, cada día irme a acostar después de haber vivido una gran aventura… a tu lado. Eso es todo.


Y ahora, una pequeña historia que escribí para ti:

Este es Franz. Lo nombré como Franz Boas, un célebre antropólogo, y de mis favoritos. Además, es cooperativista y le gustan las guacamayas. Sobra decir que está inspirado en mí.

Este es Gard. Ya olvidé por quién le puse así, pero seguro fue por un célebre artista visual y/o cooperativista. ¿Recuerdas cuando fuimos a buscarlo a las tiendas de Playmobil, y yo estaba terco porque quería quitarle los brazos, hasta que le arranqué uno? Bueno, pues de ese trágico accidente, nació Gard.

De cierta forma, me inspiré en ti y en mí para crear a estos personajes. Hasta ahora son la única pareja gay en la historia de Fenwick (y creo que, de hecho, la única pareja). Perdóname por haberte arrancado el brazo, espero que en próximas temporadas podamos ponerle un brazo biónico y darle súper poderes, como los que tú siempre quisiste.

Con todo, en ocasiones no se entienden, se confunden y se frustran. Pero eso de ningún modo quiere decir que no quieran acompañarse por este camino sinuoso, inexplorado y lleno de aventuras y magia que han decidido andar, uno al lado del otro, apoyándose, aconsejándose y amándose. Así yo contigo.

Gracias por dejarme ser parte de tu viaje.

Te amo, aunque estés wardo 😍😘😷

~kosmografo.

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