Opresión

Definitivamente soy mi peor enemigo. Mis miedos, mis preocupaciones, mis deseos… La vida es tan simple. Personas van y vienen, se acercan y se alejan, nos involucran y después nos expulsan, y así es, no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. La vida es corta, el mundo es injusto, la sociedad es una basura, el poder destruye todo a su paso… Pero así es el mundo en el que vivimos. Será muy difícil, sino imposible, cambiarlo.
Una vez escuché que siempre que pienses que tu vida es demasiado complicada y que sufres mucho, lo único que tienes que hacer es recordar que eres un simio parlachín viajando por el espacio en una roca flotante. Visto así, no suena tan terrible. Al contrario, hasta te hace pensar en la suerte que has tenido. De que un montón de partículas que se originaron hace miles de millones de años en una explosión que ni Hollywood se puede imaginar, lograron sobrevivir al tiempo y al espacio hasta darte la forma que ahora tienes, plantando en ti todo tipo de sueños, esperanzas y preocupaciones que, al final de tus días, no valdrán de nada.
Y sin embargo, es difícil dejar de sentirse oprimido. Por las decisiones que tomamos o tomaremos. Eso es quizá porque nos movemos en un tiempo unidireccional. No hay forma de volver atrás. No hay manera de desandar los pasos andados. Y así avanzando el reloj de arena de nuestra existencia se va consumiendo, consumiendo, consumiendo… Se nos apaga la vela, se nos termina la hoja. Tiene que causar algo de angustia, por más relajados y valemadristas que seamos.
Pero eso mismo nos puede ayudar a la inminente resignación. De que las cosas son (fueron, serán) así y no de otro modo. De que las decisiones que tomamos nos han traído a este lugar en e que estamos, y las decisiones que tomaremos nos pueden alejar también de acá, si es que no nos gusta el lugar en el que estamos. Es un poco indescifrable a dónde nos pueden llevar las decisiones futuras. Como nos pueden salir las cosas bien, nos pueden salir peor. Pero también así es la vida.
Y todo esto provoca esa opresión. Sobre nosotros mismos, sobre nuestras pobres, tenues y fugaces existencias.
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